Ser padre en el siglo XXI.

Ser padre en el siglo XXI.

Por: Itzel Velasco
Psicóloga clínica.

 El tema de la paternidad ha tomado fuerza hoy en día ante la presencia de los nuevos movimientos políticos y sociales, como lo son los temas de género que ponen a cuestionar las distintas formas de ejercer la sexualidad y la construcción de los roles de lo masculino-femenino a lo largo de la historia y del territorio.

Cuando hablamos de paternidad, necesariamente tenemos que hablar de masculinidad, pero ¿alguna vez hemos pensado lo que significa esta palabra? Quizá sí, sin embargo, aunque existan mil definiciones de lo que corresponde a lo masculino, cada individuo lo vive de forma diferente.

La masculinidad ha sido un concepto que se ha desarrollado y por lo tanto, vivido de forma distinta en las diversas culturas, sin embargo, algo que predomina en ellas son las nociones de poder, potencia, fuerza, y una serie de adjetivos que se apartan de su contrario: la vulnerabilidad, la debilidad, la pasividad, etc. cualidades que se han atribuido principalmente al sexo femenino. La pregunta central es ¿Cuándo comenzó la separación de los roles, estereotipos, creencias, cualidades, entre lo femenino y lo masculino? A esta separación (hombre-mujer) se le ha llamado binarismo y seguramente lo identificas, se manifiesta por ejemplo en la creencia de que a los hombres les corresponde el color azul y a las mujeres el rosa, que los hombres deben de llevar el cabello corto y las mujeres el cabello largo, incluso, por allá de 1800, las mujeres no podían vestir pantalón ya que ello era exclusivo para los hombres, por lo tanto tenían que vestir falda o vestido, por supuesto, la participación política también ha surtido efectos sobre esta separación, por ejemplo, el no derecho al voto de la mujer o a su participación en temas de poder (gobernación, trabajo, etc.), no hace falta retroceder al año de 1800, aún son pocas las mujeres que presiden un país (por ejemplo); y qué decir de la violencia de género, pues incluso podría considerarse una respuesta violenta y letal ante el sentimiento de “amenaza” que puede sentir el género masculino de que, afortunadamente, las mujeres están luchando contra la abolición y término de tanta opresión.

Los mismo ocurre con los temas de la crianza de los hijos, la cual, por al menos en gran parte de la historia, se ha atribuido a las mujeres, por ejemplo, actividades como cocinar, alimentar, planchar, lavar ropa, (y todas las actividades domésticas) el cuidado de los hijos o apoyo en actividades escolares o de la vida emocional; mientras que los hombres salen de casa a trabajar; algunas teorías o construcciones apuntan a que esta dinámica de roles entre hombres y mujeres han existido desde las sociedades no civilizadas en donde los hombres salían a realizar actividades de caza mientras que las mujeres se quedaban al cuidado de los hijos, formándose así formas de interacción y relación entre los géneros y excluyendo a lo masculino de actividades del hogar y sobre todo a la crianza de los hijos (tomando en cuenta que -no todos los hombres- pero sí gran parte).

Ser padre en el siglo XXI implica toda una transformación de ideales, creencias, educación, etc., sin embargo, no es tarea fácil ya que desde que nacemos vamos formándonos con un tipo de crianza determinado y que incluso puede también considerarse violento para los hombres en el momento de coartar todo aquello que salga de lo considerado (por la sociedad) masculino, por ejemplo, cuando los padres le dicen al niño frases como: “los niños no lloran, sólo las niñas”, “los niños no juegan con muñecas”, “los niños no pueden entrar al ballet”, etc.

Ser padre en el siglo XXI invita a cuestionarse de qué forma están participando en la crianza de sus hijos, la participación no tiene que ver con la provisión de cuestiones materiales o monetarias, sino una participación en el conocimiento y acercamiento con los hijos y no sólo eso, sino también con las labores domésticas y otras tareas del hogar.

Ser padre en el siglo XXI implica reflexionar sobre cómo fue la educación que se recibió en casa y preguntarse si es la misma educación que se quiere para los hijos pues cuando un hombre se inaugura como padre se pone en juego cómo él vivió su propia crianza, qué fue lo que aprendió, cómo lo vivió o asumió, etc. por supuesto es esencial tomar en cuenta cómo se tomó el deseo de ser padre cuando se enteró, ¿Fue una sorpresa? ¿Qué sentimientos florecieron? ¿Qué preocupaciones? ¿A qué cambios en los roles de género se enfrentó? ¿A qué cambios personales? ¿Qué sucedió en la pareja con la llegada de los hijos? Entre muchas otras preguntas en torno al momento de la historia de vida en que llegó esa noticia, pues incluso puede haber también paternidades no deseadas, la cuestión está en cómo se asume la responsabilidad sobre ello y sobre el ser padre en general. Existen incluso formas de violencia ante ese ejercicio de la paternidad (y la maternidad también) donde se utiliza a los hijos para violentar o manipular a la pareja, a esta forma de violencia se le llama vicaria.

Ser padre en el siglo XXI invita a cuestionar también a la sociedad y cultura en la que vivimos, ya que todas las sociedades son distintas.

Y para ti, ¿Qué es ser padre en el siglo XXI?

Referencias
Recuperado de https://feministresearchonviolence.org/wpcontent/uploads/2018/02/PATRIARCADO-del-borde-al-centro.pdf