¡Mamá prende la luz!

¡Mamá prende la luz!

“Ayúdame a hacerlo por mí mismo”
María Montessori

Por: Lizbeth Ovando
Psicóloga cognitivo conductual de niños y adolescentes
Contacto: lizbeth@encuesta035.mx

Te has percatado que tu peque, ¿Tiene miedo a la oscuridad?, ¿Retrasa el momento de ir a la cama? O te menciona cosas como; que ¿Hay un monstruo escondido en el armario?

El miedo a la oscuridad se considera un temor evolutivo, una etapa normal del desarrollo de los niños. De hecho, uno de cada tres niños de entre tres y cinco años la teme. Esto no significa que no haya que hacer nada al respecto: se debe ayudar al niño a superarlo para que la noche sea un momento de descanso y no derive en una fobia más grave conocida como nictofobia, (miedo extremo a la oscuridad o a la noche, con síntomas intensos de ansiedad y/o depresión).

Los estudios muestran que tener miedo a la oscuridad se debe a que no podemos ver lo que nos rodea, y bueno, en los pequeños es aún más común esta situación, pues también comienza dentro de la parte del desarrollo la experimentación del miedo, principalmente relacionado con fantasmas, monstruos, dormir solo y ruidos extraños.

Algunas de las causas del miedo son las siguientes:

  • Experiencia traumática: Cualquier experiencia traumática o estresante relacionada con la oscuridad, razón para que el niño tenga miedo. Un ejemplo muy cercano; Si al momento de llamar la atención se le castiga en una habitación oscura, de manera evidente se le generará un miedo.
  • Cuidador ansioso: En el caso de algunos niños, aprenden a tener miedo observando ansiedad de sus padres ante determinados sucesos.
  • Cuidador sobreprotector: Por otro lado, existen niños que desarrollan ansiedad generalizada, al ser muy dependientes de sus padres sintiéndose indefensos.
  • Películas, libros de terror: En este caso, si esta relacionado con ausencia de luz, pueden desarrollar miedo a la oscuridad.

Ahora bien, una vez conocido el motivo por el que se genera este miedo en algunos pequeños, te comparto un poco de lo que se puede hacer y trabajar para un adecuado tratamiento y mejora.

  • Validar el miedo de tu hijo: Es muy importante decirle que entendemos su miedo y explicarle la normalidad de tener miedo a la oscuridad, así podemos ayudarle a comprender lo que pasa. Asimismo, no decirle que todo esta bien y no pasa nada, pues no concuerda con lo que siente el niño. Coméntale que la oscuridad da miedo, porque no vemos lo que nos rodea, y juega un papel muy importante la imaginación para completar lo que no vemos. También podemos decirle que, cuando su imaginación comience, encienda la luz y así comprobará que todo está bien.
  • Ayudemos a que tome el control: Si el niño (a), piensa que hay un monstruo en su habitación en lugar de decirle que haremos algo para que se vaya, le diremos que él le diga algo para que se vaya, así tu hijo se sentirá en una posición de control a la situación y él tiene el poder de controlar la situación.
  • Dejar encendida alguna luz tenue: No es malo dejar alguna luz encendida, pero tiene que ser muy tenue. Lo recomendable es que casi no ilumine pero que sí deje algo de claridad en la habitación. Puede ser una lámpara o bien apliques que se colocan en la pared.
  • No encender la luz como solución: Una luz tenue no implica que los adultos enciendan la luz principal de la habitación del niño cuando se ponga a llorar. Si el pequeño se despierta asustado en mitad de la noche y llora o llama a los mayores, hay que tranquilizarle sin encender las luces. La luz encendida, solo alimentará el problema, pues ratificará la idea de que la oscuridad da miedo y que, por el contrario, la luz lo quita. El niño se serenará con la compañía del adulto y con sus palabras. Solo cuando esté calmado será momento de encender alguna lámpara.
  • Establecer rutinas relajantes: Las rutinas relajan al pequeño y contribuyen al buen dormir del niño, y también ayudan a reducir los temores nocturnos. Si se transmite que ir a la cama y apagar la luz es parte de una cadena de acciones (que comienza con un baño y sigue con un biberón o un vaso de leche y un cuento), será mucho más fácil que concilie el sueño y evitará que sea asaltado por los temores. Otros elementos que pueden formar parte de esas rutinas, muchos niños se relajan y se sienten confiados si duermen con un peluche, o arropar al pequeño en la cama, darle un beso de buenas noches e, incluso, contarle lo que harán juntos al día siguiente. Los relatos también le dan tranquilidad.

  • Dar la seguridad de que la casa es segura: El niño suele identificar los lugares que le producen miedo. Tal vez crea que allí se oculta una persona, un animal o algún ser extraño (el habitual monstruo imaginario). Entonces, hay que ir con él para comprobar que allí no hay nada. Los lugares más comunes que generan este efecto son el espacio debajo de la cama, el interior del armario y los huecos detrás de las puertas. No suele ser tan conveniente, repasar dichos espacios como si se tratara de una inspección. Es mejor encontrar cualquier otro pretexto: buscar algo que no se encuentra, hacer una limpieza, jugar al tesoro escondido… Esta actividad permite comprobar que no hay nadie. Y si utiliza un juego, el sitio quedará asociado con sensaciones positivas.
  • Cena sana antes de ir a la cama: Alimentos ricos en azúcar o snacks por la tarde, solo incrementarán actividad cerebral, por lo que, si un niño se va a cama después de haber comido dulces, su cerebro está más activo y puede estresarse por su propio miedo.
  • Ver TV antes de dormir genera estrés o ansiedad: No se recomienda antes de ir a la cama, exponerse a estos niveles de activación que dan la TV u objetos como celulares o ipads, pues lejos de dar un sueño reparador sobre activan la respuesta adaptativa de los pequeños.
  • Evitar situaciones o cosas que generen más miedo: Si un niño manifiesta signos de temor a la oscuridad, será importante evitar que vea películas y programas de televisión de miedo o que escuche historias que pudieran asustarlo. Tampoco, por supuesto, habrá que burlarse de su temor o menospreciarlo. No conviene tampoco forzarle a hacer algo que no quiera en la oscuridad -por más que sea con el supuesto fin de vencer sus miedos-, ni amenazarlo con el posible castigo de encerrarlo a oscuras en su habitación. A lo contrario, hay que felicitarle por sus gestos de valentía. Esta demostración de afecto le impulsará para superar su miedo a la oscuridad.

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