Las madres trabajadoras. ¿Cómo pueden con todo?

Las madres trabajadoras. ¿Cómo pueden con todo?

Por: Nora Ivette Flores Del Ángel
Psicóloga clínica y psicoterapeuta de adultos y grupos.
Contacto: ivette@encuesta035.mx

Las madres trabajadoras. ¿Cómo pueden con todo?

Se ha establecido socialmente, a lo largo de los años, que las mujeres se definen en el ámbito de lo familiar, el amor, la formación de pareja y el matrimonio; y como consecuencia: la procreación y con ello el ejercicio de la maternidad. Mientras que la identidad de los hombres se basa en la aspiración de tener dominio, estatus y poder en sus distintas relaciones.

Los ejes que la sociedad espera que una mujer aborde en su vida son:

a) desarrollo personal y profesional, b) formación de pareja, c) constitución de la familia y d) maternidad, trabajo y familia.

En esta ocasión nos centraremos en este último, dado que es más común de lo que se cree que mujeres tengan “doble jornada”, es decir, ejerzan la maternidad y el trabajo remunerado a la par. Algunas mujeres, al constituirse en madres, dejan su actividad laboral en pro de proporcionar una formación y educación de calidad para sus hijos e hijas, redundando potencialmente en un óptimo desarrollo físico, moral y afectivo.

Sin embargo, solemos ver el lado “positivo” de que la mujer esté al cien por ciento en la crianza, pero ¿Qué pasa con su vida profesional? El implícito es “yo soy mamá, luego entonces mi ‘trabajo’ es ser ama de casa, madre y esposa”, o al menos es lo que nos han enseñado.

Por tanto, un trabajo remunerado es posible, pero opcional; con lo que se cierra el círculo de los valores de una familia conservadora tradicional. Es importante destacar que esto es muy subjetivo, puesto que dependerá de lo que ellas mismas vivieron en su infancia, lo que vieron del modelo de sus padres y allegados y los valores y costumbres con que se criaron y crecieron.

Motivación para las madres

Para algunas madres, el trabajo asalariado fue un motivo de satisfacción; para otras, de ocupación, e incluso para algunas más representa sólo el medio para obtener un ingreso. A mayor escolaridad corresponde una mayor participación de las mujeres en un trabajo asalariado (vemos aquí una muestra de micromachismo por parte de la sociedad y miembros de la familia, ya que parece ser que estudiar es el único modo en que se le permite a una mujer “deslindarse” de las tareas del hogar).

Es común incluso ver como esto se replica, hemos escuchado a niños decir, “bueno, sí tienes permiso para trabajar, pero cuando yo llegue de la escuela tú ya tienes que estar aquí, porque yo no quiero que me encargues con nadie, no quiero que nadie me dé de comer comida que no me gusta, yo quiero que tú estés aquí cuando yo llegue” O algunos otros que digan: “no mamá, tú vete a trabajar, danos la llave, nosotros entramos, nosotros nos damos de comer, tú nada más dejas todo”.

En ambos casos se ve solo a la mujer como la responsable del cuidado, alimentación y apoyo de los menores. Entonces vemos el pensamiento de algunas madres diciendo: “no voy a poder hacer eso, ¿Cómo voy yo a dejar a mi hijo o a mi hija?, yo lo tuve, es mi responsabilidad, yo no lo voy a dejar”.

Así, las mujeres tienden a delegar el trabajo para después, solemos escuchar a madres decir “cuando nacieron mi vida giraba alrededor de ellos (hijos/hijas) y sin pensar en el trabajo. Ya cuando fueron creciendo pues sí, decía ya nada más un poquito más grandes y me meto, ya nada más que entre a la primaria y ya voy a tener más tiempo”, pero también piensan lo siguiente “no voy a poder encontrar un buen trabajo, porque cuánto me van a pagar por cinco o seis horas, y voy a tener que andar a la carrera; porque mi marido me dijo: ‘si tú quieres trabajar, trabaja, pero, ¿sabes qué?, que la casa tiene que seguir como ya nos acostumbraste, la casa recogida, la ropa planchada, todo en orden, y aparte vas a trabajar’”. ¿Es esto justo? ¿Es la vida que las mujeres queremos?

No dejemos de lado que hoy en día empieza a aceptarse socialmente que una pareja o una mujer soltera decida no tener hijos y esto supone un importante cambio de valores. Si se pregunta a las mujeres jóvenes cuáles son sus planes de vida, la mayor parte sigue afirmando con firmeza que quiere tener hijos, pero muchas posponen esta decisión al máximo con el fin de evitar los cambios negativos que esto puede comportar en sus vidas.

Los motivos para retrasar la maternidad

Son culturales y personales, entre ellos una mejor estabilidad económica y mejor acercamiento a metas profesionales, si eres de las que están en este grupo, no dejes que las presiones sociales existentes cambien tu plan de vida.

Mucho se habla de los cambios que se han logrado y del mayor igualitarismo entre los sexos, éste consiste en que las mujeres se han incorporado al trabajo extra doméstico, pero los hombres no se han hecho más activos en el ámbito doméstico, a simple vista podemos ver cómo las mujeres seguimos desempeñando una doble o triple jornada, muchas veces remunerada por debajo del trabajo realizado por hombres o incluso sin sueldo alguno.

A pesar de que se habla que los hombres están más al pendiente del cuidado del hogar, en la práctica se han incorporado en roles de “colaboradores” o “ayudadores” secundarios, pues pocas veces se les exige que cuiden a los menores como tarea principal.

Las mujeres, incluyendo a aquellas que trabajan remuneradamente, invierten en promedio casi 6 horas diarias en actividades de trabajo no remunerado (como lavar, planchar, recoger la casa, ayudar a los menores con las tareas), a diferencia de los hombres, que ocupan 2,7 horas.

En la actualidad existe conflicto, ya que se tiende a trabajar extensas jornadas con poca flexibilidad, para obtener el dinero necesario para subsistir, entonces el trabajo se relaciona con el agotamiento, cansancio y desgaste físico y emocional, sobre todo en aquellas de más edad.

Maternidad y trabajo

Las mujeres se enfrentan entonces a dos dosis importantes: sí a la maternidad y sí al trabajo. Decir sí a ambos representa dificultades. Para los hombres no se plantea tal dilema: ser padres y mantener un nivel óptimo de dedicación a la profesión es perfectamente compatible, vemos que la clave es dejarlo en manos exclusivo de sus parejas: las mujeres. Encontramos entonces:

Mujeres que se dedican únicamente al trabajo doméstico, mujeres que trabajan y además hacen trabajo doméstico, mujeres que su empleo les permite contratar a alguien (generalmente una mujer) que se ocupe de las tareas del hogar.

Recordando que como mujeres podemos ir y venir entre las categorías, pero en ningún caso se elimina la responsabilidad (vista como obligación solo de las mujeres), eso sin contar que se tiende a hacer menos el empleo y sueldo de la mujer, cuando en la mayoría de los casos, es vital para la supervivencia familiar.

¿Alguna vez habías escuchado “la regla de los tres 8”? Fue creada hace varios años, pero fue pensada para un hombre con una esposa dedicada las 24 horas del día a la alimentación, higiene, limpieza, salud, ropa de hijos y esposo, dicha regla consiste en 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de ocio y formación, ¿Cómo mujer haces todo esto?

Y la pregunta clave es: ¿Cómo evitar el dilema, aparentemente irreconciliable e indisoluble, entre trabajo remunerado, vida personal y maternidad? Con todo lo dicho hasta aquí, tengamos muy en cuenta que hay que ubicar en cada persona sus condiciones, proyectos, deseos y emociones. Recuerda que maternidad no debe ser sinónimo de dejar de lado sueños y metas, existen opciones que funcionan muy bien, como el uso de guarderías, pero siempre con el apoyo de la pareja y/o la familia para coordinar la maternidad y el trabajo y disminuir la tensión, pues recuerda que el cansancio y el estrés acumulado tienden a estallar en donde más cómodos nos sentimos: en la familia.

Mujer, ¡exige tus derechos y haz que se cumplan!

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Referencias:

*Caamaño, E. (2010). Mujer y trabajo: origen y ocaso del modelo del padre proveedor y la madre cuidadora. Revista de derecho (Valparaíso), (34), 179-209. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-68512010000100005
*Gómez, S., & Marti, C. (2004). La incorporación de la mujer al mercado laboral: Implicaciones personales, familiares y profesionales, y medidas estructurales de conciliación trabajo-familia (No. D/557). IESE Business School.
*Solé, C., & Rubio, S. P. (2004). Nuevas expresiones de la maternidad: las madres con carreras profesionales ¿exitosas? RES. Revista Española de Sociología, (4), 67-92.
*Valverde, K. B., & Cubero, M. F. C. (2014). La maternidad como un constructo social determinante en el rol de la feminidad. Wímblu9(1), 29-42.